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“El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. La tristeza de comprender las utopías bien intencionadas.
No cabe duda que en el siglo XIX la sociología tuvo un gran desarrollo con nuevas corrientes ideológicas que planteaban alternativas de organización social diferentes a la que se vivía en ese momento. Sobre todo porque se comenzaba a ver como la transformación del maquinismo estaba afectando la producción artesanal para convertirla en industrialización y los graves estragos que esto comenzaba a ocasionar.
En “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” (escrito en 1884) Friedrich Engels hace un estudio sociológico de la historia de la familia, de la aparición de la propiedad privada y del surgimiento del Estado. Para esto se basa en la literatura que existía en ese momento sobre el tema y hace aportaciones muy valiosas con una visión Marxista del asunto. A continuación cito algunas de las conclusiones de dicho trabajo: La forma más elevada del Estado, la república democrática, que en nuestras condiciones sociales modernas se va haciendo una necesidad cada vez más ineludible, y que es la única forma de Estado bajo la cual puede darse la batalla última y definitiva entre el proletariado y la burguesía, no reconoce oficialmente diferencias de fortuna. La clase poseedora impera de un modo directo por medio del sufragio universal. Mientras que la clase oprimida (en nuestro caso el proletariado), no esté madura para libertarse ella misma, reconocerá en su mayoría el orden social de hoy como el único posible, y políticamente formará la cola de la clase capitalista. Pero a medida que va madurando para emanciparse ella misma, se construye como un partido independiente, elige sus propios representantes y no los de los capitalistas. El sufragio universal es de esta suerte, el índice de la madurez de la clase obrera. No puede hacer ni hará nunca más dentro del estado actual, pero esto es bastante. El día en que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán que hacer. Así pues, el estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni de su Poder. Al llegar a cierta fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo del Estado una necesidad. Ahora nos aproximamos con rapidez a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de esas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su momento. Con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, re-organizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estrado al lugar que entonces le ha de corresponder: el museo de antigüedades, junto a la rueca y el hacha de bronce. Con la esclavitud, que alcanzó su desarrollo máximo bajo la civilización, se realizó la primera gran escisión de la sociedad en una clase explotadora y una clase explotada. Esta escisión se ha sostenido durante todo el período civilizado. La esclavitud es la primera forma de la explotación, la forma propia del mundo antiguo; le suceden la servidumbre, en la Edad Media, y el trabajo asalariado en los tiempos modernos. Estas son las tres grandes formas del avasallamiento, que caracterizan las tres grandes épocas de la civilización; ésta va siempre acompañada de la esclavitud, franca al principio, más o menos disfrazada después. Y al final de este hermoso trabajo sociológico, Engels cita la obra “La sociedad antigua” de Morgan (al igual que lo cita durante todo el libro) un sociólogo Norteamericano contemporáneo a él, de donde se extrae lo siguiente: Desde el comienzo de la civilización ha llegado a ser tan enorme el acrecentamiento de la riqueza, tan diversas sus formas, tan extensa su aplicación y tan hábil su administración en beneficio de los propietarios, que esa riqueza se ha convertido en una fuerza indestructible frente al pueblo. El espíritu humano se encuentra desconcertado e impotente ante su propia creación. Pero llegará el momento en que la razón humana sea suficientemente fuerte para dominar a la riqueza. Los intereses de la sociedad son absolutamente superiores a los intereses individuales. La simple caza de la riqueza no puede ser el destino final de la humanidad, a lo menos si el progreso ha de ser la ley del porvenir, como lo ha sido en el pasado. La democracia en la administración, la fraternidad en la sociedad, la igualdad de derechos y el nivel educativo general, inaugurarán el próximo estado superior de la sociedad. Será una reviviscencia de la libertad, la igualdad y la fraternidad de las antiguas gens, pero bajo una forma superior.
¿Con qué cara les podemos rendir cuentas a estos grandes hombres? ¿Cómo les podríamos explicar que el sueño que ellos veían venir de manera inminente, 12 décadas después, no se ve venir en lo absoluto? si no que más bien parece que nos alejamos cada vez más de esa utopía bien intencionada, es triste, pero al final la esperanza en el espíritu humano prevalece como esa pequeña luz al final del camino y siempre habrá idealistas soñadores (como nosotros) que tengan esperanza en la humanidad…
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